el diezmo

Nuestros sobres no contienen la palabra "El Diezmo" ¿Porque?

Amados hermanos:

Es nuestro deseo servir a todos los integrantes del pueblo de Dios. Sin embargo, la ética de esta institución no nos permite publicar libros que ofendan la moral cristiana. Es importante observar que: No publicamos, imprimimos ni revisamos obras que exalten al hombre. No publicamos, imprimimos ni revisamos libros que promuevan el yugo de la ley o la condenación sobre los creyentes.
(Vea abajo.)

El diezmo

Es muy cierto que la manera más común para recibir bendiciones de parte de Dios es por medio del diezmo. Si pagamos nuestros diezmos, podemos esperar recibir en compensación una cantidad que sea mucho mayor que la que hemos dado. Sin embargo, esto crea un problema. El problema con el diezmo consiste en que es parte de la ley y no podemos recibir las bendiciones de la ley sin que nos acojamos a toda la ley y a la condenación que va aparejada con ella. No es posible dividir la ley de Moisés, ni tampoco podemos participar de dos pactos.
El diezmo nos concede las bendiciones que provienen de la ley, pero tarde o temprano debemos abandonar la ley por completo y trasladarnos a una forma más alta de vida, en la que, lo que damos, lo damos de un corazón gobernado por el amor. Esto nos permite cosechar las bendiciones de Abraham, que son mucho mayores que las bendiciones de la ley. Cuando damos en fe, motivados por el amor, podemos esperar tremendas bendiciones, tales como la bendición de Abraham: amor, gozo, paz y abundancia, sin condenación. Esto nos permite dar con mayor abundancia todavía, y recibir con un gozo mucho mayor.
Lo que nos permite caminar en el Espíritu es la obra maravillosa de salvación y santificación obrada por Dios. Ella nos saca del pacto de la ley y nos traslada al pacto de la gracia. En la medida en que caminamos en el Espíritu, recibimos capacitación para practicar la ley del Espíritu, que es amor (Romanos 13:8-10). Es entonces cuando superamos la ley de Moisés por medio de la fe y cosechamos las bendiciones de Abraham.
Aun cuando reconozcamos el hecho de que la mayoría paga diezmos con el fin de ejercer control sobre su propio destino, nunca debiéramos aconsejar a nadie que deje de diezmar. Antes que nada, los cristianos debieran conocer primeramente la cruz, que es la justicia y la santificación mediante la fe. Solamente entonces podrán caminar en el Espíritu y abandonar la ley religiosa. Jamás le diga que deje la ley de Moisés hasta que le haya enseñado la manera de guardar la ley de Dios y de superar esa ley en el Espíritu.
Para poder aclarar lo concerniente al diezmo, debemos plantearnos algunas preguntas:
1. ¿Está contenido el diezmo en la ley de Moisés? Sí. "Indefectiblemente diezmarás todo el producto del grano que rindiere tu campo cada año (Deut. 14:22)."

2. ¿Quiénes son los únicos autorizados por Dios para cobrar los diezmos? Los levitas. "He aquí yo he dado a los hijos de Leví todos los diezmos en Israel por heredad, por su ministerio, por cuanto ellos sirven en el ministerio del tabernáculo de reunión (Números 18:21)."

3. ¿Con quiénes hablaba Jesús cuando dijo: «Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer lo otro»? Con los escribas y fariseos, que guardaban lo más fácil de la ley con el fin de tener una apariencia de santidad, al mismo tiempo que desechaban el resto. Estos también eran judíos incrédulos, los que a causa de su incredulidad no estaban en condiciones de abandonar el pacto de la ley para entrar al pacto de la gracia.
¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino, y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer, sin dejar de hacer aquello. (Mateo 23:23)

4. Algunos dicen que Abraham pagó diezmos antes de la ley y por esto debemos pagar los diezmos. Lo que fue antes de la ley sigue depues de la ley.
¿Cuantos vezes pagó Abraham los diezmos? Solamente una vez. Y si pagamos diezmos por esto, lo pagaremos en la misma manera - una vez.

5. ¿De qué modo debemos dar al estar bajo el pacto de la gracia? Pero esto digo;

El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón; no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre.
(2 Corintios 9:6.7)

Dad, y so os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir. (Lucas 6:38)

Jamás debemos hacer uso de nuestra libertad como una excusa para no dar. Por el contrario, el pacto de gracia nos proporciona muchas razones maravillosas para dar con generosidad. Al estar motivados por el amor de Dios, tenemos que dar a los pobres y experimentar nuestra responsabilidad en relación con la iglesia de Dios cada semana. ¿Cómo debemos dar, entonces? Superando al diezmo, damos más de lo que la ley exige, cuando damos motivados por el amor.
Vea el libro Los fundamentos de la gracia.

Legalismo
El legalismo es la creencia de que Dios trata con nosotros de acuerdo a lo que merecemos. La base de su enseñanza es que si hacemos todo lo que debemos, y no pecamos, entonces Dios nos bendecirá. Pero, si fallamos en hacer lo que debiéramos, entonces Dios nos maldecirá. Esta esclavitud es grandemente usada por los poderes de las tinieblas y debido a la ignorancia y a un saludable temor de Dios, cuesta mucho librarse de ella.
¿Cuál es la voluntad de Dios aquí para nosotros? Después de todo, la ley y los diez mandamientos están escritos en la Biblia. Se les llama la Ley de Moisés y a través de todo el Antiguo Testamento la Biblia exige que guardemos dicha ley. Sin embargo, cuando leemos el Nuevo Testamento, la Biblia nos dice con mucha claridad que Dios nos ha liberado de esta ley y nos ha dado la capacidad de cumplirla en el Espíritu. Por esto no debemos guardar la Ley de Moisés. He aquí lo que dice nuestro Dios:

Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero). (Gálatas 3:13)

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud... De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.
(Gálatas 5:1,4)

Porque el pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia. (Romanos 6:14)

Pero si sois guiados por el Espíritu,
no estáis bajo la ley. (Gálatas 5:18)

También la Biblia nos dice en Hechos 15:22-29 y 21:25 y a través de todo el libro a los Gálatas, que no debemos observar esta ley religiosa. ¿Qué hemos de hacer?
El camino perfecto

Dios nos dice que si caminamos en el Espíritu, somos liberados de la condenación y de las demandas permanentes de la ley. Aun más que esto, nos dice que si practicamos la ley del Espíritu, en forma automática cumplimos la ley de Moisés de un modo perfecto, en forma natural. Una vez más debemos mirar a Romanos 8:1-2. Allí se declara:

Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque la ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús me ha librado de la ley del pecado y de la muerte.

La obra milagrosa de la cruz y del Espíritu Santo nos libra de toda condenación Vea el libro Los fundamentos de la gracia. Nos permite caminar en el Espíritu, y estando en el Espíritu, podemos ahora practicar la Ley del Espíritu, la que aparece en forma escrita en Mateo 7:12:

Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas.

La ley del Espíritu es el amor. Esta ley sencillamente dice que si el factor motivador de todas nuestras acciones es el amor, entonces trataremos a nuestro prójimo como nos gustaría ser tratados. Cuando el amor es la razón de nuestras acciones, cumplimos todas las leyes religiosas de una manera alta y de lo más perfecta; cualquier cosa que sea menos que eso, es hipocresía. La Biblia nos dice:
Pero ahora estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. (Romanos 7:6)

Podemos guardar la ley de Dios de una nueva manera: en el Espíritu. Se nos instruye para que cumplamos la ley de la siguiente manera:

No debáis a nadie nada, sino el amaros unos a otros; porque el que ama al prójimo, ha cumplido la ley. Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al prójimo; así que el cumplimiento de la ley es el amor. (Romanos 13:8-10)

De nuevo Dios nos dice: "Porque toda la ley en esta sola palabra se cumple: Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Gálatas 5:14). El amor nos libra de la ley religiosa al permitirnos cumplirla en forma natural. Ahora, la ley que el rey David y los profetas amaron está escrita en nuestros corazones, y cumplimos esa ley de un modo nuevo y vivo: por amor, a través del Espíritu.

El espíritu de esclavitud

Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre! (Romanos 8:15)

Existe en este mundo un espíritu religioso llamado el espíritu de esclavitud. Es un espíritu de condenación que exige que hagamos buenas obras porque esa es nuestra obligación. Este espíritu no es de Dios. El espíritu de esclavitud exige que sirvamos más, que demos más, que hagamos toda clase de obras buenas, porque estamos en deuda con Dios. Todas estas obras son buenas, pero si las hacemos impulsados por condenación, lo único que resultará de ello es una mayor condenación. Siempre hay condenación cuando respondemos al espíritu de esclavitud, porque sin importar lo que hayamos hecho, podríamos haberlo hecho mejor. Podríamos habernos esforzado más, o haber dado más. No importa lo que hagamos impulsados por la condenación, jamás podremos satisfacer las exigencias del espíritu de esclavitud. Teóricamente, es posible cumplir la letra de la ley según nuestras propias fuerzas, pero nunca podremos satisfacer las exigencias del espíritu de esclavitud. Estas exigencias para obrar el bien no provienen del corazón del hombre a través del Espíritu Santo. Vienen de afuera, del reino de las tinieblas. Satanás sabe que si caemos bajo la condenación de la ley, nos encontraremos en la carne, y el poder y la autoridad que él ejerce sobre nosotros se halla en la carne. No importa si esta carne está sirviendo a sus propios deseos carnales o si está sirviendo dentro de la iglesia. La carne es débil y vacila ante las tentaciones y engaños de Satanás para la exaltación del yo.
¿Qué podemos hacer? Dios nos dice que resistamos estas exigencias de condenación con todas nuestras fuerzas y con toda la fuerza de nuestra voluntad. Este es su mandamiento:

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud. (Gálatas 5:1)

El yugo de esclavitud aquí no es el pecado ni la concupiscencia de la carne. El yugo de esclavitud del que se habla aquí es la ley religiosa. Dios nos ordena que no aceptemos la condenación. Jamás debiéramos hacer algo porque alguien nos condena para que lo hagamos. Si alguien viene a usted y trata de condenarle para que dé o haga una obra para Dios porque le hace sentir que esa es su obligación, resista a ese espíritu. Somos movidos y guiados por el Espíritu Santo desde adentro, no por condenación. Recuerde que la ley no tiene exigencias sobre un muerto.
Aun cuando estemos libres de la ley y de la condenación, no podemos usar esta libertad como una excusa para mostrar descuido en nuestro servicio a Dios. Todavía es preciso que seamos responsables. No debemos usar esta gracia para excusar nuestros pecados y nuestra falta de dedicación para con el pueblo de Dios. Por el contrario, vemos que Dios nos dice: "Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros" (Gálatas 5:13).

Si quiere leer mas compra el libro Los fundamentos de la gracia


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